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15/07/2007

Una nueva etapa

Bueno, llegó Julio de nuevo. Gracias a Dios también las tan esperadas lluvias. Llega de nuevo la fecha de mi "aniversario", fecha en que algunos dicen volverse más viejos, otro dicen que es un año menos de vida, otros más dicen que sólo es un día más. Bueno, para mí no es solamente un día más.
 
Es una fecha en que puedo ver hacia atrás y revisar mi vida. Revisar logros y fracasos, evaluar el tiempo que he perdido y las cosas que he ganado. Y si hago un recuento en esta ocasión, también se vuelve diferente. Tal vez porque, como algunos de mis amigos ya andan comentando, entro en la "crisis de los 30" (cosa que no sabía que existía, según yo, solamente daba a los 40...). ¿Por qué lo dicen? Bueno, será que les pregunten, porque yo no me veo en crisis esta vez  Digo, el carro y los juguetitos electrónicos que me acompañan ahora no son producto de una crisis, sino de un merecido cambio...aunque todo es discutible.
 
Como decía, una fecha que me permite autoevaluarme. Y comienzo con agradecimientos infinitos a mi Dios Padre, por todo lo que me ha dado en 30 años de vida. Mañana, como ando ya diciendo, comienzo "mi vida pública" (por comenzar la edad de Cristo). Pero fuera de broma, comienza otra etapa para mí. Gracias a Dios, ya con una carrera, con una misión definida en la música, con metas nuevas, con una ilusión en lo sentimental (qué raro, no?), pero sobre todo, con ánimos de seguir adelante, con la esperanza de que la vida no da regalos sino oportunidades de ganar. Comienzo a vivir, ya no como un joven adulto, sino como un adulto joven. Si, ésa es la diferencia que un día puede marcar. La diferencia que una fecha en calendario puede hacer.
 
Sé que a todos nos pasa: tenemos alguna o varias fechas en nuestra agenda que son especiales. Aniversarios, cumpleaños, fallecimientos, el día en que conocieron a su "media naranja" (o medio limón), etc. Bueno, ésta es una de mis fechas especiales. Y no sólo porque cumplo un año más, sino también porque se conmemora a la Virgen del Carmen. Por eso casi sufro de la tradición salvadoreña de bautizar con el nombre del Santo... sería Carmelo García... igual, es una fecha importante, y le doy gracias a Dios por tener personas con quién compartirla. Gracias a los que leen estas líneas, y a mi familia. Les pido oración por mis huesos, para poder continuar esta misión que se me ha dado. Y claro, para que pueda seguir siendo feliz.
 
Gracias por estar ahí, en la lectura, en la oración, en mi vida.
Juan Carlos García Melgar
01/07/2007

Una noche diferente

Noche de fin de mes. Noche de calor, cerca de la playa... Unas cuantas nubes, o mejor dicho, siluetas de nubes al preceder a una hermosa luna llena. Comenzó como cualquier actividad: montaje rápido de sonido, preparación psicológica (eso es extra ), revisión de la Liturgia. Una actividad a la cual me habían invitado. ¡Y vaya experiencia que me he llevado!
 
El cantón Tepeagua, en el Puerto de La Libertad, fue la sede de esta noche magnífica. Una capillita con capacidad para 60 personas había sido decorada. A su lado, en una tarima no tan segura, se encontraba montado el Altar, y unas 200 sillas rodeaban el lugar. Montamos el sonido en cuanto pudimos, pues el viaje no es sencillo hasta ahí: son casi 20 minutos por una serpenteada calle de tierra, que si no fuera por la experiencia de los conductores habrían sido otros 40 minutos... En fin, teníamos solamente 15 minutos para montar y dar comienzo a la celebración. La gente ya estaba en sus lugares, y eso es digno de hacer mención, puesto que en las distintas ciudades, donde se goza de mayores facilidades para llegar a su destino, la gente suele llegar muy, muy tarde. Y más aún si se trata de Dios... ah, ya quisiera ver qué hace esta misma gente cuando Dios se tarda... si se tardara.
 
En fin, el punto es la noche anterior. Como les decía, parecía todo normal. Un amigo mío y su esposa me acompañaron, y él cantó conmigo. "Una misa" dijimos. "Una misa y la vigilia". Pero fue más que eso. Fue una muestra de devoción, dulzura, amor, humildad. Fue una enorme lección de toda esta comunidad hacia nosotros. Había gente que había llegado de muy lejos, y no importaba la hora. Todos entonaban con desafinada devoción cada una de las canciones. Esa Eucaristía de veras que le quita la monotonía a uno, error en que caigo de vez en cuando por no vivir siempre de lo que canto. Pero el Señor se encargó esa noche de devolverme el rumbo. ¿Por qué? Pues pidieron cantos vocacionales. Todo mi Ministerio se enmarca en cantos de experiencia propia, y yo siempre he creído que no son más que mis historias. Pero anoche, al leer las letras de nuevo en busca de cantos apropiados, descubrí de nuevo la misión que esta música lleva, y claro, me voy de encuentro en ella. Poniendo por encima la necesidad de que la Asamblea participara, no incluí ninguno de mis cantos. Ninguno, y que la tentación era grande. El Señor me reveló que era mejor "desaparecer" y que fuera la Alabanza en sí la que llegara a Él, no un protagonista. Mi amigo, por su parte, siempre tan dispuesto, sólo seguía lo que yo decía. Otra lección de humildad para mí.
 
Tras la Eucaristía, un lapso para cenar. Ahí nos informaron de los pormenores de la actividad. Un rosario, animación, prédica, animación, rifa, imposición de manos... y en todo estábamos involucrados. Lejos de asustarme, le di gracias a Dios por la oportunidad de poner los dones a Su servicio de nuevo, asumiendo las consecuencias. Digo esto porque, si han estado leyendo este blog antes, sabrán que no debo cantar mucho, ni al aire libre. Pero en Sus manos, nos dispusimos a servirle. Déjenme decirles que la entrega de la gente, la disposición de corazón, en fin, la vivencia de esta religiosidad fue algo que no había visto. Por supuesto que uno que otro se estaba durmiendo. Claro que más de alguno estaba ahí por otras razones. Pero los que estaban más cerca, los que sonreían alabando a Dios, los que miraban al cielo y daban gracias... ellos lo vivieron distinto. He hicieron que yo viviera todo esto de otra manera.
 
Sin importar las piedras, se arrodillaban para pedir perdón. Ancianas, niñas, hombres jóvenes... no importaba. Hubo alguien que se acercó al final para darnos las gracias, y antes que yo dijera mi acostumbrado "Gloria a Dios, no a nosotros", dijo "ustedes sí que saben poner a Su servicio los dones que Dios les da." Eso lo valió todo. Si una persona desconocida ve en nuestro servicio a Dios, y no nos agradece por nuestro talento, sino por cómo dejamos que Dios lo use, entonces estamos haciendo las cosas como Él quiere. Y eso vale todo el sacrificio.
 
Gracias, Dios, por dejarme servirte. No sé hasta cuándo, no sé hasta dónde llegará mi voz y mi talento... siempre que me lleve detrás de tu Hijo, como dice Migueli, detrás de tu Fe.
 
Juan Carlos