Profil de Juan CarlosJuan Carlos García Melga...PhotosBlogListesPlus Outils Aide

Blog


30/11/2006

¿Navidad? ¡¡¡Navidar!!!

 

Mientras se escucha a lo lejos música suave o bailable, interrumpida por explosiones pirotécnicas de alegría y luz, se dice en El Salvador que es Navidad. En esta época todo el mundo, o al menos la mayoría, suele ser un poco más accesible, algunos hasta bondadosos. Hay otros, sin embargo, que esta época les carga el corazón de melancolía, de nostalgia, de dolor, de soledad...


La Navidad es una fiesta religiosa y a la vez una fiesta popular. Para algunos, es la conmemoración del Nacimiento de Jesucristo, el Mesías. Para otros, una buena oportunidad para acercarse a los seres queridos distantes. Una temporada de ofertas y descuentos comerciales. La presencia de un personaje de aspecto bonachón, barba blanca y traje rojo con una bolsa a sus espaldas y una lista de niños buenos y malos acompaña los vientos del diciembre salvadoreño. El “chantaje” del que son víctima algunos niños de parte de sus padres, con aquél viejo discurso de “si te portas bien, te lo compro” no se hace tampoco esperar. Pero la intención de texto no es definir qué es o no la Navidad, sino más bien ayudar a descubrir ese “algo” en nuestro interior. Veamos qué obtenemos.


Si bien es cierto que es ésta la época favorita de muchos (y por diversas razones), también es una época de nostalgia y tristeza para otros, como mencionábamos. La pérdida de algún ser querido, el trajín de un año más y ver que no se alcanzaron algunas metas personales y profesionales, la lejanía de los nuestros... todo esto y más causa cierta depresión. ¿Cómo decirle a alguien que sonría cuando no logramos que saque de su interior al niño o niña que lleva dentro? ¿Cómo pedirle a alguien que trate de ser feliz, que no se complique, cuando en su estómago no hay comida desde hace ya un tiempo? ¿Con qué cara podemos gritar “Feliz Navidad” a diestra y siniestra, cuando sólo lo deseamos a aquellos más allegados, y nos da igual si otro no tan cercano lo escucha? ¿Es acaso esta época un “termómetro de amistad”, en donde evaluamos qué tanto nos quieren por el tipo y calidad del regalo que nos dan (si es que recibimos)?


Hace un par de años un grupo de colegas míos grabó un disco llamado “Navidar”. El nombre ha estado dando vueltas en mi cabeza y me gusta el concepto: DAR. Y es que, sin importar la denominación, la gran mayoría de creencias y religiones hacen énfasis en que buscar el bienestar del otro antes que el de uno mismo es sinónimo de felicidad. El dar, que podríamos fácilmente convertir en un “darse”, es un acto sublime que encierra todo lo contrario al egoísmo, a la soberbia, a la ira y demás antivalores que amargan cualquier época del año. ¿No sería mejor en esta época dar antes que esperar algo a cambio? ¿Preocuparnos menos por lo que no tenemos y más por valorar lo que nos acompaña? ¿Dejar de pensar que realmente “merecemos” lo que hemos alcanzado y que por lo tanto siempre estará ahí? Porque permítanme decirlo: dar las cosas por sentado es el primer paso para perderlas.


Entonces, dígame usted que lee estas líneas: ¿qué es para usted la Navidad? ¿Es una temporada de precios bajos? ¿Un tiempo para compartir con familia y amigos? ¿Oportunidad para dar al que no tiene? No puedo yo pretender decirle qué es o cómo debe ser. Sólo sugiero que aparte un momento en su vida, y piense no tanto en lo que no podrá comprar, sino en aquellos que nada tienen. Aquellos que no podrán juntar las manos con sus allegados alrededor de una mesa con un pavo o pollo, o tamales calientes... Aquellos que no tienen siquiera un techo, sino muchas estrellas para contemplar de noche, siempre y cuando la lluvia o el humo se los permita. Los que no gozan de un “calor de hogar”, mientras algunos de nosotros ni siquiera queremos llegar a casa. Sólo puedo sugerirle que no haga de esta época una ebriedad eterna, sino que procure disfrutar con moderación. Sugerirle que no piense que está solo o sola, siempre hay alguien ahí, a su lado, aunque no lo haya notado.


Le invito a darse a sí mismo antes que simplemente regalar. Le invito, no a que dé lo que le sobra, sino lo que más necesita el mundo: Amor. Una sonrisa vale más que el dinero. Un “te quiero” dará más calor que un fuego. Pero, ¿de qué sirve decirlo si nuestras acciones no lo muestran? Las palabras pueden llegar a convencer, pero los ejemplos arrastran. Si ya está comprobado que la mejor forma de aprender es haciendo, recuerde que también la mejor forma de amar es amando. Déjese amar, permita que otros le amen y le expresen su cariño, pero haga usted lo mismo por ellos. No es el precio del regalo: es lo que para ambos significa el darlo y recibirlo. Le aseguro que hará a mucha gente feliz con sólo sonreir. ¿Y no es acaso el mejor regalo que puede usted dar? Felices Fiestas.


Juan Carlos García Melgar

18/11/2006

¡¡¡Gracias, Señor!!!

Como comentaba antes, una palabra que lo cubre todo y se queda corta... GRACIAS.
 
Gracias a los que oraron día y noche.
Gracias a los que se hicieron presentes.
Gracias a los nunca ausentes.
Gracias a los que apoyaron con material: libros, música, estampas..
Gracias a los que escribieron.
A los que llamaron, a los que cantaron orando...
 
A los que, con su diario vivir, hicieron posible este período sin complicaciones.
A los que trabajaron y cumplieron con su trabajo, rutinario para ellos, importante para mí.
A los que, de lejos o de cerca, se hicieron sentir.
 
Gracias a Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo.
Gracias a mi Madre del cielo, y por supuesto, a mi madre terrenal.
Gracias a mi padre y el resto de mi familia por su apoyo, tanto económico como moral.
Gracias, Gracias mil...
 
Puedo hablar. Con paciencia y voluntad de Dios, volveré a cantar pronto. Continuaremos la misión encargada hace unos años: evangelizando a través de la música. Este tiempo no ha sido sólo de descanso, no. Ha sido para cultivar y regar ese jardín interior que se estaba perdiendo, que se estaba descuidando. ¿No les ha pasado a veces que se preocupan más por los demás, por las casas de otros, y no tanto por la suya propia? Bueno, el tiempo que uno se debe dedicar debería ser parte de la rutina diaria, no un extraordinario como ha sido mi caso... pero si se llega, hay que aprovecharlo.
 
Ha pasado una semana, y los pronósticos, a Dios gracias, son buenos. Malformación benigna, no hay mayor inflamación de las cuerdas, aunque el dolor persista, pero será temporal. Y ahi vamos. Muy pronto retomaremos los instrumentos y volveremos a la batalla, en alguno de los frentes que Ascoy tanto proclama, pero con la vista siempre en el cielo, y los pies sobre la tierra, tal cual afirma Poli. Y por todo esto, gracias, Señor.
 
Juan Carlos García Melgar
11/11/2006

Reseña de un milagro más en mi vida

Gracias.
 
Muchas gracias, Señor.
 
Parece mentira que ya hayan pasado 24 horas. Los nervios previos a la intervención, la misma ansiedad de otros tiempos, disminuida y casi eliminada por una fe en pañales como la llamo ahora...
 
Bueno, les cuento: El viernes 10 comenzó un tanto extraño para mí. A las 3:25 am una visita indeseable e inesperada me despierta, quemando mi cuello. Un hermoso gusano, de esos verdes largos, cayó de la nada sobre mí mientras dormía. Por estar guardando un ayuno de 12 horas previo a la intervención, no podía tomar ni agua, ni pastilla alguna para evitar una alergia o calmar el dolor. Desde esa hora supe que Dios estaba conmigo. NO pregunté por qué permitio semejante visita, ni renegué. Al contrario, fue una oportunidad para comenzar más temprano a dejar las cosas en Sus manos.
 
7:45 am. Ya listo. Con ropas de hospital, me despojo hasta de mi Cruz Misionera, la que me ha acompañado a tantos lados. Subo a la silla de ruedas, despidiéndome de mis nerviosos padres, empujado por una enferera que apenas y puede cargar con mi pesado cuerpo. Animado, no tan nervioso, lo que evidenciaba ya la presencia de mi Señor y de Su Espíritu, puesto que en mis propias fuerzas, por gusto... habría sido un manojo de nervios algo escandaloso. Entro caminando a la Sala. Quedo impávido ante la maquinaria, luces, etc... Luego me recuesto sobre una especie de diván y escucho a la enfermera decir "respire que será un pinchoncito..." Ya saben mi temor a las agujas, ¿no? Bueno, es grande... pero este día no lo fue tanto. Aunque hubiera sido mejor si la enfermera lo lograra al primer intento. Pero bueno, dos marcas de aguja son mejores que una, digo yo...
 
Entran los doctores. Les anticipo que la marca en mi cuello fue recuerdo de la visita madrugadora. Inmediatamente inyectan algo para ello, a fin de evitar una reacción a la anestesia. Entra el Anestesista, con las preguntas de rutina. De repente, un fresco torrente comienza a recorrer mi brazo derecho. Todo empieza a desvanecer. A lo lejos, el llanto de un niño de dos años, Bryan, que hace un poco tenebroso el ambiente... pero ya no para mí. Mi confianza, mi fe, aquella que lamenté haber perdido, está ahi. La oración de tantas y tantos amigos y conocidos empieza a cobrar fuerza. Y por supuesto, cuatro más entran a la Sala: Padre, Hijo, Espíritu Santo y la mano consoladora de María. Dejo de ver, de escuchar, de sentir...
 
Dos horas después me siento en una cama, con mis padres cerca, y un pequeño frasco con el autor de mi afonía: ya no se veía tan pequeño ese pólipo. Enviado ya a una biopsia, ya no debe preocuparme. Sonrisas, y de mi parte, silencio. Al menos silencio de la voz, puesto que mi corazón es un caos con tantas cosas por expresar. Cansancio. Pero nada de dudas, sólo agradecimiento a mi Creador, y a tanta gente involucrada en esto. Ahora debo recuperarme para seguir esta misión, que estoy seguro que el Señor me dejará continuar. Ahora comienzo un tiempo de silencio externo, pero que debo aprovechar para alimentar el alma, para descansar, retomar fuerzas y continuar evangelizando. ¿Y qué de todo lo anterior, de las dudas, de los miedos? Pues nada, que en Su infinito Amor, mi Padre Misericordioso ha perdonado a este corazón contrito. Sí quiero componer, pero no soy tan bueno: no lo logro sin cantar. Algo haré, pero no será perder el tiempo. Espera una larga vida de servicio.
 
Son tantos a los que debo agradecer, que nombrarlos no me permitiría terminar. Apoyo de familia y amigos, de conocidos y extraños que han sido de alguna manera tocados por lo que el Señor me regala, todos juntos, haciendo historia: orando por un milagro. Músicos en Red, desde varias partes del continente se unieron a esto también, y eso demuestra que el trabajo en equipo es la mejor forma de evangelizar, ese "pescar en Red" como sugiere Martín Valverde. Luis Enrique Ascoy muestra su apoyo en una dedicatoria de su "Manual para ser un Cantante sin Futuro". Y créeme, después de leerlo supe que no tendría futuro, y eso emociona. Por eso y mucho más, gracias a todos, pero sobre todas las cosas, Gracias Padre Bendito, por tu infinita misericordia.
 
"Cantaré", como dice Kiki Troia. "Detrás de tu Fe" iré, como canta Migueli. Para ser un "Adorador" como Daniel Poli, un "Cantante sin Futuro" que le canta a la "Vida"como Luis Enrique Ascoy, porque me creo Tu Palabra, Señor, que "Nadie te ama como yo", tal cual canta Martín Valverde y se lo revelaste al mundo a través de Tu Hijo. Ser "Apostol" como Quique Guzmán, tomando en serio "Te dejo un Talento" como Mateo Guzmán, yendo como "Ovejas entre lobos" a lo Ricardo Amaya, pidiendote a gritos "Dame" como Amor y Verdad, con ese grito de guerra de "Guayaquiyaguá" de Christos, volviendo a ser ese "Tronco de un árbol" como Isaías Segovia, siguiendo ejemplos de grandes hombres como Monseñor Romero que tanto nos recuerda Roberto Damas en "Monseñor"... La fuerza de cada uno de mis hermanos de Preludio, Fiat, Sabaoth, Kirios, Mauro Arévalo, Mario Saenz y el resto de la Red, el poder de la oración individual y grupal de los que me rodean y de los que están lejos pero pendientes... el gozo de seguir sirviéndote.
 
¿Cuál es, entonces, el milagro que reseño? Pues todo en conjunto. No importa si no vuelvo a cantarte, Señor. Suficiente milagro ha sido unir a tanta gente en oración para Ti. Sí quiero servirte, pero a tu manera, como Tú lo desees. Y bueno, no niego que preferiría hacerlo cantando... pero todo a su tiempo, o mejor dicho, a Tu tiempo.
 
Es un nuevo comienzo. Diez días de silencio que comenzaron ayer. Pero como estas pequeñas líneas expresan, un silencio que no debe cohibir el arte creativo que debo ahora canalizar. Y ahora, de nuevo a la cama, que escribir esto, quiérase o no, todavía cansa...
 
Comienzo y termino con la frase que lo encierra todo, y que no queda corta. ¡¡¡GRACIAS, SEÑOR!!!