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24/10/2006

Hazlo a tu manera, Señor...

"¿Por qué tengo miedo, si nada es imposible para Ti...?"
 
Así canta la Hermana Glenda en uno de esos salmos musicalizados. Así me lleva a preguntarme varios porqués, me lleva a escudriñar un poco y ver un reflejo de lo que pensé ya no era... me lleva a descubrirme.
 
Estos últimos cuatro días han sido mi Desierto, mi Retiro, mi encuentro conmigo mismo. En estos días he sido testigo de todo lo que las tentaciones pueden hacer con la fe de una persona. He visto poco a poco mi cabeza llenarse de ideas y de razones; le he dado más peso a ideas que a Dios. Ha sido a través de esta óptica que me he visto débil, apagado, incluso hipócrita por momentos: me he visto mejor, tal cual soy, pero no como quiero ser.
 
"...El cielo no es para entenderlo y explicarlo a los demás, no..."
"Debes creerlo, como crees en lo que amas"
"Él está contigo y en su Amor de Padre Él te acogerá..."
 
Cuando reescuchaba esto, me preguntaba quién cantaba. Y no lo hacía de forma vanidosa, sino con una intriga real: ¿Dios, su Espíritu o yo? ¡Claro! Obviamente no era yo. Obviamente no soy capaz de hacer que se genere en mí sonido, al menos no en forma voluntaria. Mucho menos soy capaz de hacer que otro la escuche, la entienda, la comprenda, y que llegue un mensaje a su corazón. Entonces, si no soy capaz de semejantes cosas, si todo lo que hago simplemente es hacer Su voluntad... ¿qué me preocupa? Es una pregunta válida. Una cirugía, en términos humanos, es preocupante; en términos divinos, no es nada. Como decía, estos días me han llevado a luchar un poco más por mi fe. A redescubrirla, y con ello, redescubrirme. Sé que quiero hacer, sé que soy un laico comprometido a la Evangelización a través de la música. Sé hacia dónde quiero ir. ¿Y entonces?
 
Pues que en estos días me he demostrado a mí mismo que tengo poca fe. Que soy un hombre de poca fe. Que me dio miedo la inmensidad del mar, y quité la mirada de mi Maestro, y ahora me hundo. Que me dio temor de morir a merced de los elementos que azotaron mi barca, estando mi Maestro a mi lado. Que le he negado, después de jurar y perjurar que nunca me separaría de Su lado... Tuve miedo. Y aún lo tengo.
 
Es en esta debilidad cuando Dios mejor actúa, porque así no hay dudas que es Él el que hace las cosas. No hay dudas que Su manifestación de Amor que llega a todos a través de alguno es lo único que llena de paz. Y es hacia esta manifestación que me quiero lanzar.
 
Si vuelvo o no a cantar es decisión Tuya, Señor, y solamente Tuya. Yo quiero hacerlo. Quiero postrarme a tus pies y alcanzar con la punta de mis dedos tu manto y obtener así sanación. Pero no quiero arrebatártela, ni tampoco actuar como si la mereciera, pues Tú mejor que nadie sabes muy bien que no soy digno de Ti. Quiero cuidar esta sanación como un tesoro, como un regalo que viene de Ti. Trato siempre de vivir sin esperar nada a cambio de los demás, para que así, todo lo que venga a mi vida siempre sea bien recibido. Pero cometo a veces el error de no cuidar lo que tengo conmigo, de darlo por sentado a veces. Yo, el que siempre critica eso, el que siempre está "en contra de dar las cosas por hecho". No quiero más eso. Con un corazón contrito y arrepentido vengo a Ti, Padre.
 
Gracias por las amigas y amigos que han estado orando, por mi familia que me apoya, por la gente que sin saberlo me ha ayudado. Gracias por darme aliento a través de todos ellos. Gracias por llamarme a darme cuenta a tiempo. Sé Tú el médico, el que opere, el que sane, y el que me devuelva la voz para alabarte, si es Tu Voluntad.
 
"Tú que quieres transformarme con palabras de aliento y Fe..."
 
Hazlo a tu manera, Señor
Tu siervo que te ama
Juan Carlos
19/10/2006

El silencio continúa...

Así es... después de tratamiento médico, nada. Lo cierto es que el Jefe de Jefes es el que manda. ¿Qué lección de humildad me está queriendo dar que mis ojos aún no distinguen? ¿Qué misterio encierra el hecho que yo guarde silencio? Son preguntas que me repito, y que seguramente ya me respondió, pero sigo sin ver claro su mensaje.
 
Silencio.
 
Siempre dije que lo más importante que tiene la música es el silencio. Sin él, no puede apreciarse nada. Es hora pues, de apreciar más la vida, y de recordar una de tantas máximas que repito a otros y que no siempre escucho: "Nunca des nada por sentado; así lo que venga, sea mucho o poco, será bien recibido." Acá estoy, Señor, con los brazos abiertos, esperando por Ti.
 
Gracias por las oraciones de aquellos que lo han hecho. Gracias por aquellos que ni cuenta se han dado. Gracias, Señor, por moldearme. Pido discernimiento para comprender qué deseas de mí.
 
Juan Carlos.