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2007/01/15 ¿Existe la Amistad en el ambiente laboral? ¡Qué pregunta! ¿Realmente existe o es una ilusión más que nos gusta alimentar? El que tiene más de un amigo asegurará que sí existe; el que no, dirá que es una fantasía, una falacia, algo irreal. Y es que solemos conocer mucha gente, pero no a muchos llamamos “amigos” y a algunos seleccionados y contados, “verdaderos amigos” o “mejores amigos”. ¿A qué se debe? A lo largo de los años vamos cultivando relaciones de intimidad con la gente que nos rodea. El grado de intimidad que se alcanza es el que determina en retrospectiva si hay o no una amistad. Por ejemplo, podemos trabajar por años en un lugar y tener muy buenas relaciones con nuestros compañeros de trabajo, pero no llamar a ninguno amigo, ni que sea el primero o la primera a quien acudamos en algún momento difícil. En cambio, en otro ambiente podríamos conocer a alguien y sentirnos completamente identificados, a tal grado que se convierta en nuestro amigo o amiga en cuestión de horas. Y una amistad que dure años. ¿A qué se debe entonces esto? ¿De dónde nace la amistad, o cómo se cultiva? Para tratar de responderlo primero definamos el significado. La palabra amistad tiene dos raíces: el latín amicus que significa amigo o amor, y el griego aego, que significa “sin mi yo, sin mi ego”, es decir, sin egoísmos, mi otro yo. A la larga, la presencia de un amigo en nuestra vida es un complemento a la misma. Es una persona con gustos afines y a la vez muy distinta a nosotros, capaz de hacernos ver nuestras faltas por el cariño que nos tiene y no por buscarnos un mal rato. Entonces, si la amistad es algo nato, algo que se da entre personas que comparten gustos en común, ¿puede forzarse? Para ser honestos, creo que no, o al menos, que no debería forzarse. ¿Podemos entonces pretender ser amigos de todos con los que laboramos? En el ambiente laboral, donde las tensiones y presiones alteran el diario vivir de las personas, y donde sacamos “la otra cara”, es muy difícil encontrar a alguien que comparta nuestros gustos. Y si en realidad le encontramos, es más difícil mantener una relación sincera en un ambiente competitivo a veces, inhóspito en otras, y en donde las relaciones y afinidades suelen ser malinterpretadas, ya sea por celos, envidia o por nada mejor que hacer. Ahora, que sea difícil no implica que no se pueda. No estoy queriendo decir que todos debemos ser distintos y tratar de llevarnos mejor; esa visión romántica no es más que un semillero de envidias e hipocresías. Lo que quiero decir es que sí, es cierto, algo nace en cada uno con el paso del tiempo y el trato de los demás, pero en la medida que uno es sincero, transparente, y no pretende dominar o ganarse a la gente, los demás poco a poco irán revelando su interior también, su verdadero yo, botando sus máscaras, y ahí, ya viéndose cada quien tal cual es, sí es posible que nazca una amistad, y muy duradera. Somos distintos y a la vez tenemos un mismo origen. Tenemos necesidades diferentes. Pasamos malos ratos y buenos momentos, ya sea a nivel personal o laboral. Pero si nos vemos unos a otros como realmente somos, podremos comprender por qué éste anda de malas en la mañana, por qué aquélla no le gusta cuando nos reunimos, por qué aquél evita comer con nosotros, etc... y quién sabe, podríamos terminar siendo un mejor equipo, pues un equipo formado de amigos que se aceptan tal cual son es mucho más eficiente que un grupo de personas obligadas a trabajar juntos. Si respetamos nuestro pasado, nuestra creencia, nuestra forma de pensar, nuestra tendencia política, nuestros gustos, en una, si nos respetamos mutuamente, entonces no sólo habrá posibilidades de amistad, sino de paz interior y laboral, que a la larga nos permitirá obtener mejores resultados. Juan Carlos |
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